¡Detente!, te vas a estrellar

Hace unos días concurrí temprano a una reunión previamente acordada a las oficinas de un alto ejecutivo de una gran empresa en Santiago de Chile. Luego de un cordial saludo, me dice: “Andrés estoy complicado con el tiempo, tengo media hora disponible, mi agenda está llena”. En seguida y amablemente, me muestra su agenda electrónica de ese día, un asoleado viernes, donde cada cita estaba destacada por una franja gris. Claramente, ese día iba a ser muy gris para este ejecutivo, porque los espacios horarios en blanco casi no existían. Use mi tiempo asignado, me despedí de él y me fui reflexionando sobre lo vivido.

No hay tiempo que perder

Cuan afanados estamos en ser productivos y rápidos. Elegimos libremente auto exigirnos en el trabajo; ser capaces de todo; maximizar el rendimiento y el tiempo, ignoramos las quejas de nuestro cuerpo; escuchamos, vemos y acogemos sólo aquello que nos ayuda a ser más veloces y productivos. No hay tiempo que perder, debemos crear y hacer, hacer mucho. El ocio, el aburrimiento, la simple reflexión, y menos la contemplación nos son ajenos.

Así nos vamos autoexplotando hasta que reventamos y nos estrellamos contra nuestro muy humano límite. En este frenesí de exigencias productivas y de hiperactividad acumulada en cientos de horas laborales graficadas con grises rectángulos en nuestras saturadas agendas, nos exponemos libremente a sucumbir por un infarto psíquico, y así, con el alma agobiada prontamente somos víctimas del síndrome de desgaste ocupacional (SDO). Luego nos exponemos a una triste depresión, hoy, por cierto, casi una pandemia.

Detenerse a pensar

Hace unos años atrás la empresa IBM instaló en las oficinas de sus empleados un cartel que tenía la palabra Think, que instaba a pensar o meditar las decisiones antes de actuar. Quizás sus directivos ya veían que la híper actividad, la pura agitación no generaba nada nuevo, sólo reproducía y aceleraba lo ya existente. Para crear o inventar algo nuevo el ser humano necesita del ocio y de la contemplación. Dejar más espacios en blanco en nuestra agenda.

El conocimiento (tácito) basado en la experiencia se plasma en innovaciones creativas cuando pensamos calmadamente y enfocados en un propósito. También podemos refrendar que la espiritualidad se manifiesta en el silencio y no en el ruido o en la multitud fragmentada de los cientos de estímulos que acosan nuestra mente.

Entonces, es un imperativo detenerse, hacer una pausa periódica para poder observar nuestra labor diaria, preguntar, escuchar, pensar y así abrir nuevas opciones que contribuyan al trabajo más creativo y a nuestra propia felicidad.

 

Andrés Cabrera C.

Gerente Pino Alto

 

(*) Bibliografía

 

One comment

  1. Susan Ramirez dice:

    Excelente reflexión.
    Pero será también que necesitamos sentir que estamos tan ocupados y que por eso somos importantes en esta sociedad???