Una trilogía magnifica que expande el conocimiento

Leer, y tener algo que leer, fue hasta finales del siglo XV un privilegio de unos pocos. El resto se comunicaba como siempre, por vía oral. Es el innovador Gutenberg quien entre 1452 y 1455 imprimió 200 copias de la Biblia, con este enorme salto tecnológico la humanidad paso lentamente de la comunicación oral a la palabra escrita, potencialmente accesible a todos. Esto es muy relevante, porque convengamos que oral o por escrito hemos sido capaces de trasmitir mediante el lenguaje nuestros pensamientos; sentimientos y conocimiento.

Así pasaron los años y los siglos, hasta que a mediados del siglo XX aparece la televisión (ver desde lejos) y de manera progresiva, radical y masiva se instala como el medio comunicacional dominante, y ahora con los sofisticados medios electrónicos y su multimedia la imagen real o virtual y audio lo invaden todo, y así el contenido tradicional pasa a ser secundario. Nos hemos convertido en seres esencialmente videntes. Estamos dejando mucho de conversar y leer, sólo nos atrae ver, he aquí el peligro.

De hecho los niños aprenden a ver tele o manipular un computador antes de leer y escribir, o sea prepondera en ellos lo visible sobre lo inteligible, lo cual los lleva a ver sin entender, porque la imagen es pura y simplemente una representación visual a diferencia de la palabra que es un “símbolo” que se interpreta en lo que significa, eso es lo que nos hace entender.

Resultado, tenemos niños aburridos en los colegios y sus maestros atónitos; jóvenes impacientes y dispuestos a renunciar prontamente a su trabajo por otro más atractivo o incluso por satisfacer su hobby favorito; adultos (des)conectados o abducidos todo el día revisando imágenes o audios, pero todos muy entretenidos porque la imagen va convirtiendo todo en un espectáculo lúdico.

Internet como una telaraña con millones de documentos interconectados a través de palabras o imágenes sensibles, es el instrumento más representativo de todo lo anterior. Lamentablemente ha pasado a ser para algunos la fuente de todo saber y entretención, el oráculo, la verdad en si misma, o en el mejor de los casos un medio de búsqueda caracterizada por el ensayo y error. Muchos de sus devotos seguidores, quienes irreflexivos y saturados ante los millones de gigabytes de información cambiante (infoxicación) terminan en un naufragio informativo. Pero convengamos también que Internet es una revolución comunicacional incipiente, que esta logrando enormes transformaciones cultures, sociales, y económicas, así hay que ser piadoso en los juicios.

El cambio es irreversible. Entonces los que se formaron en la lectura tienen que migrar paulatinamente de su cultura impresa, sustentada en libros, a una nueva cultura basada en la tecnología digital, con Internet al frente. Si desean ser verdaderos “navegantes” deben generar competencias que les permitan aprender de cualquier experiencia de forma autónoma, comunicando con fluidez, colaborando y participando activamente en la vida social con opiniones y criterios propios. Porque esta es la forma en que las nuevas generaciones memorizan, comprenden, dialogan, en definitiva son los nuevos métodos de pensar y generar conocimiento que ya llegaron.

Urge entonces que todos nos dejemos de demonizar las nuevas tecnologías o alagarlas como dioses paganos, ante nada aceptar que están aquí y darles la bienvenida; estudiar y comprender sus luces y sombras, entender que no son excluyentes de los métodos tradicionales de comunicación como el oral y escrito; adecuarlas para que sean una trilogía comunicacional magnifica, visionaria y democrática, que nos permita evolucionar para ser una humanidad mejor, más integrada y consiente de nuestros universos.

Sino, así como el sigo XV, siempre habrá una minoría, una elite, que sabrá dar el valor a este gran salto, y usaran la comunicación oral, escrita y visual como una oportunidad para acumular conocimiento, dominar y conseguir lo mejores resultados, mientras los demás seguirán solos y entretenidos viendo tele, perdiendo conocimiento y capacidad de saber y aprender.

Andrés Cabrera Croquevielle

Comments are closed.