ENEMIGOS DEL APRENDIZAJE

Cada vez que emprendemos un proceso de aprendizaje, suelen presentarse algunos “enemigos”, si logramos identificarlos, nuestro aprendizaje será más fácil y placentero. Algunos de ellos son los siguientes, si lo deseas ¡puedes agregar otros!.

1)  Incapacidad de admitir que, en algunos ámbitos, no sabemos, como nos cuesta aceptarlo, no vemos lo nuevo como nuevo y decimos la frasecita del millón: “eso ya lo sé”

En el ámbito personal ¿cuántas veces hemos dicho “se de lo que se trata”, para darnos cuenta después que no teníamos ni la más vaga idea de lo que estaba sucediendo?.

2)  Incapacidad de admitir que, en muchos ámbitos, yo no se que no se (conocido como ceguera cognitiva), la persona que no conoce algo, no vive como si tuviera un “hueco” que espera ser llenado.  Actuamos, organizamos nuestras vidas y damos sentido a nuestra existencia y al mundo a partir de los conceptos, historias y habilidades que tenemos, no de las que no poseemos.  La frase favorita de este enemigo es: “esto siempre se ha hecho así”.

3)  Resignación: “Dado como soy, no podría hacer esto”, “no soy lo suficientemente hábil como para hacer esto”, “es muy complicado para mi”; son algunas de las frases favoritas de este enemigo.  Aquí, las acciones nuevas aparecen como imposibles, lo nuevo nos inhibe, parece estar más allá de nuestro alcance.

4)  Querer tenerlo todo claro, todo el tiempo.  Quienes han desarrollado ansiedad por tenerlo todo claro siempre, evitan cualquier momento de confusión o de duda.  Cualquier pregunta que enfrentan viene acompañada de un desenfrenado deseo de respuestas, finalmente terminan por evitar las preguntas, privándose así de pensar y de aprender.  Sólo aceptan como válido lo que ya saben o aquello que puede ser explicado con los conocimientos que ya posee, es incapaz de escuchar una opinión distinta y de aprovechar los que ésta le pueda aportar.

5)  No tengo tiempo.  El no asignar prioridad al aprendizaje es la enfermedad más común de nuestro tiempo y ésta relacionada con dos tendencias sociales de nuestra época: una es el “trabajolismo”, con el alto prestigio social que conlleva el estar muy ocupado y otra, la adicción a la entretención, especialmente la TV.  Ambas tendencias nos apartan del logro de nuestros propósitos.

6)  No considerar el cuerpo: aprender significa realizar acciones que, antes del aprendizaje no eran posibles.

7)  No considerar la emocionalidad: cada emoción nos permite un tipo determinado de acciones.

8 )  La gravedad, actitud que asumen algunas personas cuando creen que saben: la voz se engola,  la mirada muestra un cierto desprecio por el ignorante, las palabras son lo más difíciles posible y citan autores cada pocas frases.  Las interpretaciones sencillas sobre cualquier cosa son despreciables, por lo sencillas.  Quienes viven en la gravedad, se creen imprescindibles y tienen dificultades para admitir  que otros también pueden aportar.

9)  La trivialidad.  El trivial no puede hacer nada seriamente.  Se oculta riéndose y ridiculizando a los demás mientras evita cualquier posibilidad de reírse de si mismo.  Genera a su alrededor una atmósfera de intimidación que impide la creatividad, la innovación, la generación de nuevas ideas, pues ¿a quién le gusta verse expuesto al ridículo?.

10)  Incapacidad de desaprender. Si funcionó bien una vez, ¿Por qué no habría de hacerlo ahora?, persistirán en acciones que fueron eficaces pero que ya no lo son: a la industria automotriz de USA le tomó ocho años fabricar un automóvil que compitiera con el compacto japonés, los agricultores chilenos siguen en rubros que ya no son rentables y nosotros seguimos creyendo que basta pensar y analizar para que las cosas que queremos, sucedan.

11)  No dar autoridad a otro para que nos guíe o nos enseñe.  En nuestra cultura tenemos dificultades para aceptar que, en determinados ámbitos, otro sabe más o lo hace mejor que nosotros.  Esta aceptación está ligada a dos emociones: el respeto y la admiración.  En un país en el que se acepta como normal el “chaqueteo” (negar méritos a otro para no salir tan mal parados cuando nos comparamos con él), no es raro que así ocurra.

12)  Desconfianza: quien desconfía de quienes están a su alrededor, persiguiendo un propósito común, está constantemente preguntándose sobre los motivos reales que tiene para hacerlo, se pregunta por la “agenda escondida”: ¿por qué me dice esto?, ¿Qué pretende lograr con ello?, ¿cuánto me va a costar su colaboración?.  Vive en la sospecha constante.  El problema está en que el aprendizaje sólo es posible en la colaboración, no en la sospecha.

13)  Confundir hecho y explicación: la explicación pertenece a quien explica, no al hecho.

14)  Adicción a lo novedoso: reemplazar profundidad por cantidad.  Es el típico ejemplo de aquel que, luego de definir su propósito, empieza a pensar las estrategias para lograrlo, cuando la tiene más o menos clara; escucha hablar de otra y cambia la suya antes de probarla.  Si en el camino aparece una cuarta o quinta, hace lo mismo.  Finalmente, nunca actuó y, por lo tanto, jamás consiguió su propósito.  Es el que ahora se pregunta porque no resultó si él tenía tan buenas ideas.

15)  Confundir tener opinión, con saber ¿Cuántas veces opinamos acerca de cosas que no sabemos? Y, encima, nos enojamos a muerte con el que opina distinto.

16)  Confundir saber, con tener la verdad: lo que era verdad para la física mecánica, no lo es para la física cuántica.  En un mundo que cambia tan rápidamente, nuestros “saberes” no son eternos ¿Cuántas cosas que aprendimos mientras estudiábamos ya no están vigentes?.

 

 

Pino Alto

Abril 2012

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